Rituales: una aproximación científica a un comportamiento irracional

Los humanos dedican mucho tiempo y esfuerzo a participar en una categoría especial de comportamientos irracionales: los rituales. Un ritual puede definirse como una secuencia de actos estereotipada, o sea, caracterizada por su rigidez, formalismo y repetitividad, que está inmersa en sistemas de significado y simbolismo y que contiene elementos carentes de propósito instrumental aparente -opacidad causal- y con finalidad críptica (Legare & Nielsen, 2020; Nielsen et al., 2020). La irracionalidad de los rituales viene dada por su opacidad causal y su finalidad críptica. La primera implica que no es posible establecer una relación causal intuitiva entre los actos realizados y los efectos que se espera que dichos actos produzcan (Nielsen et al., 2018), como el echar una pizca de sal por encima del hombro cuando se derrama un salero para evitar la mala suerte. No es solamente que la relación causa-efecto sea desconocida; es incognoscible (Nielsen et al., 2020). La segunda quiere decir que un observador no puede inferir, a partir de los actos que componen el ritual, la razón por la que se ejecuta esa secuencia de actos (Nielsen et al., 2018). En ocasiones he definido, medio en broma, al ser humano como “el único animal que pudiendo ser racional, trata por todos los medios de no serlo”. Los rituales ilustran bien esa paradoja, pues se requiere una alta capacidad cognitiva para desarrollar un ritual (Legare & Nielsen, 2020). No sólo eso; muchos rituales son costosos y conllevan sensaciones psicológicas desagradables (Kapitány et al., 2020). Que seres racionales desarrollen con tanta asiduidad rituales requiere algún tipo de explicación racional, y no dejarse atraer por el desencanto hacia la naturaleza humana.

Una clave para entender científicamente los rituales se da en un número especial de Philosophical Transactions of the Royal Society B, dedicado a “El renacimiento del ritual: nuevas ideas sobre el más humano de los comportamientos“. Hay que separar lo que quien realiza un ritual cree que va a conseguir y la función real del ritual. En muchas culturas, hay rituales que se realizan con la idea de predecir el futuro, conjurar algún peligro o enfermedad, atraer algún beneficio material o conseguir una pareja sentimental (Legare & Nielsen, 2020). Por supuesto, los rituales no consiguen nada semejante, pero eso no quiere decir que no cumplan una función importante en las sociedades que los practican. Los rituales (1) mitigan la sensación de incertidumbre y proporcionan una ilusión de control, (2) promueven la cohesión del grupo al dar valor a actos altruistas en favor del grupo y penalizar conductas individualistas -p. ej., ir a la iglesia el domingo, en lugar de dedicar ese tiempo al disfrute personal, se interpreta como una voluntad de compromiso con el grupo social-, (3) transmiten información útil para la cohesión del grupo y valores comunes y (4) facilitan actividades coordinadas y cooperativas (Legare & Nielsen, 2020).

Para entender por qué seres con una alta capacidad cognitiva han desarrollado la gran diversidad de rituales basta pensar en el alto grado de incertidumbre que ha caracterizado -y sigue caracterizando- la vida cotidiana durante gran parte de la historia de la humanidad. ¿Cómo garantizar lo mejor, en términos de salud y bienestar, ante vaivenes económicos, políticos, sociales y sanitarios? Tomar decisiones racionales en semejantes escenarios requiere un conocimiento elevado de política, economía, geoestrategia, sanidad y otras tantas materias, que ha llevado siglos acumular a un gran número de personas. Durante mucho tiempo, las relaciones causales que podrían disipar la incertidumbre han sido desconocidas para la mayor parte de la humanidad. Los rituales ofrecen una apariencia de seguridad ante un futuro incierto.

La persistencia de los rituales en sociedades avanzadas indica que sus funciones reales siguen vigentes. Pero también da que pensar en el debate sobre conductas antirracionales o anticientíficas, cuando los vínculos causales en mucho temas de preocupación sanitaria o económica ya son conocidos y fácilmente comunicables a la ciudadanía. Desde luego, asimilar un ritual puede ser cognitivamente complejo pero parece más sencillo que desarrollar el pensamiento crítico y cuenta con una tradición más larga. Sería ingenuo pensar que la pereza mental es la única responsable de las conductas irracionales. De lo que no cabe duda es de que el estudio científico de los rituales puede arrojar mucha luz sobre el desarrollo de mentalidades más o menos propensas a las explicaciones racionales en situaciones de incertidumbre.

Referencias

Kapitány, R.; Kavanagh, C.; Whitehouse, H. (2020). Ritual morphospace revisited: the form, function and factor structure of ritual practice. Philosophical Transactions of the Royal Society B 375: 20190436.

Legare, C. H.; Nielsen, M. (2020). Ritual explained: interdisciplinary answers to Tinbergen’s four questions. Philosophical Transactions of the Royal Society B 375: 20190419.

Nielsen, M.; Tomaselli, K.; Kapitány, R. (2018). The influence of goal demotion on children’s reproduction of ritual behavior. Evolution and Human Behavior 39: 343-348.

Nielsen, M.; Langley, M. C.; Shipton, C.; Kapitány, R. (2020). Homo neanderthalensis and the evolutionary origins of ritual in Homo sapiensPhilosophical Transactions of the Royal Society B 375: 20190424.

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