El uniformitarianismo de Lyell y Darwin, o qué fácil sigue siendo criticar a posteriori

El conocimiento científico se construye secuencialmente. Ninguna teoría científica está a salvo de críticas, enmiendas o refutación, a medida que se acumulan nuevos datos o se integran nuevos conocimientos. Pero que una teoría no sobreviva indefinidamente no significa que no haya sido fructífera, que no haya jugado un papel importante en la construcción de una teoría todavía más fructífera. Algunas teorías científicas nacen con una vocación claramente provisional, como “lo mejor que puede concebirse de modo racional” en el momento que son propuestas, aún cuando sus promotores son conscientes de que algo importante se les puede estar escapando. Otras nacen con la ambición de ser duraderas, lo acaben siendo o no. Pero eso no es lo fundamental; lo esencial es que sean fecundas, o sea que conduzcan a nuevas conexiones entre fenómenos o una mejor comprensión del mundo natural (Echeverría, 1998).

En un artículo reciente, Rampino (2018) critica el uniformitarianismo de Lyell y señala que cada vez está más claro que las catástrofes geológicas, algunas de origen extraterrestre, han afectado a los procesos geológicos terrestres. Lyell propugnaba que los procesos geológicos debían explicarse únicamente por causas terrestres, que actúan de modo lento y gradual. Ese uniformitarianismo, tomado del geólogo escocés James Hutton, respondía a una observación lógica: si los procesos geológicos de erosión y orogenia son lentos en la actualidad, no hay ninguna razón para pensar que han sido más rápidos en el pasado. Pensar lo contrario conduciría a todo tipo de especulación y arbitrariedad, como que las montañas pueden aparecer o desvanecerse de un día para otro. Y si todo tipo de fenómenos catastróficos son posibles, entonces no hay manera de establecer ningún orden, de hacer ninguna predicción ni de, en definitiva, generar una teoría geológica que permita entender nada.

La aceptación de esa premisa uniformitarianista no ha lastrado la geología; ha permitido que se desarrolle. Si en este momento hay nuevos datos que indican la ocurrencia de catástrofes periódicas, de origen extraterreste, que se producen cada 26-30 millones de años, como sugiere Rampino, puede matizarse o abandonarse el legado de Lyell. Pero sin caer en críticas faciles a posteriori sobre la cerrazón de Lyell a aceptar las catástrofes. Lamentablemente no pueden hacerse mas que especulaciones sobre si un desarrollo alternativo de la geología, abrazando de pleno las catástrofes, habría sido más fructífero. Tal vez. Pero tal vez esa asunción de uniformidad en la velocidad de ocurrencia de procesos fue precisamente lo que se necesitaba y sólo una vez que se disponía de esa base era posible relajarla para admitir una participación más o menos importante -está por ver- de los eventos catastróficos.

Una reflexión similar se puede hacer con respecto al uniformitarianismo de Darwin en los fenómenos evolutivos, influido directamente por el de Lyell. Sampedro (2002) ha pretendido deconstruir a Darwin -más bien, su uniformitarianismo- al resaltar los avances en evolución del desarrollo. Con el conocimiento acumulado actualmente, es fácil ver que ha habido grandes modificaciones del desarrollo a lo largo de la evolución y no sólo pequeños cambios graduales como proponía Darwin. Pero quizá Darwin adoptó la única posición racional posible en su época y precisamente eso permitió que se desarrollase una teoría evolutiva en la cual se puede incorporar ahora, con tanto éxito, la nueva pieza aportada por la evolución del desarrollo. Los intentos de deconstrucción deberían ser conscientes de lo que deben a las teorías que tratan de sustituir.

Referencias

Echeverría, J. (1998). Filosofía de la ciencia, 2ª ed. Akal, Madrid.

Rampino, M. R. (2018). Las leyes de Lyell, a examen. Investigación y Ciencia 505 (octubre): 60-67.

Sampedro, J. (2002). Deconstruyendo a Darwin: los enigmas de la evolución a la luz de la nueva genética. Crítica, Barcelona.

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